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Microcuento, grandes historias en formatos pequeños

Parece que la velocidad disparatada a la que va el mundo sumada al avance de las nuevas tecnologías y la creación incesante de contenido han hecho proliferar el cuento y relato corto, que reta al escritor a utilizar sus recursos literarios para hacer una gran historia con pocas palabras.

Y a su vez, también reta al lector a imaginar todo el mundo que hay más allá de esa pequeña historia. En este punto abrimos interrogante para Belén Prats, una de las fundadoras del principal portal colaborativo en español de microrrelatos, Microcuento.es. Dínos, ¿qué es lo verdaderamente mágico de lo micro? ¿Su rapidez, el desafío que contiene?

La magia la encontramos en la capacidad de impactar en el lector en un tiempo récord y con muy poco contenido. La sensación de que en unas pocas palabras se puede contar una historia completa que te deje intrigado, tocado o emocionado, es increíble.Y ese superpoder solo lo tienen los microcuentos.

Con más de 50.000 seguidores en Twitter y casi 30.000 en Instagram. ¿Cuál creéis que es la principal causa del auge de las pequeñas historias en Internet?

El auge de las pequeñas historias en internet, especialmente en redes sociales, viene dado como consecuencia del cambio de paradigma en los hábitos de lectura. El ritmo de vida que llevamos en la actualidad nos hace que tengamos menos tiempo para leer y seleccionemos muy cuidadosamente el contenido que consumimos y cómo lo hacemos. Todo esto, unido a la cantidad de tiempo que invertimos en revisar nuestras redes sociales a diario, lo convierten en el formato perfecto. Poder acceder a la lectura en pequeñas dosis, a través de cualquier dispositivo móvil y en un tiempo limitado.

En este contexto ¿cómo y con qué fin surge Microcuento?

Microcuento.es surge por nuestro afán de dar voz a escritores noveles realmente buenos. Pascual realizó un curso de escritura creativa, y ahí descubrió a grandes talentos, de los que posiblemente nunca llegaremos a leer nada. Pensó que sería buena idea crear una cuenta de twitter para compartir aquellos microcuentos que más nos gustaran y que no se perdieran en el olvido. Esa cuenta comenzó a crecer y la gente empezó a enviarnos sus cuentos. Ante la gran acogida decidimos crear una página de Facebook donde fuera más fácil recibir las historias que nos mandaban cada día, pero pronto se nos fue de las manos y vimos la necesidad de la web. Y desde ahí hasta hoy, seguimos creciendo y sumando una comunidad de grandes escritores y lectores.

Tenéis retos mensuales con los que proponéis nuevos ámbitos o géneros con los que los escritores pueden trabajar, ¿qué retos han gustado más entre vuestros seguidores y cuáles han sido los más complicados de superar?

Los retos que más suelen gustar son los que realizamos por San Valentín, la gente está con el romanticismo y las ganas de escribir y decir cosas bonitas a flor de piel. Pero también nos hemos llevado muy gratas sorpresas con los retos de cuentos cortos de terror, que parece que gustan mucho a nuestros seguidores. Los más complicados suelen ser aquellos que implican restricciones de palabras, palabras prohibidas o términos que deben incluirse obligatoriamente. Pero nos resultan interesantes también para poner a prueba la imaginación de nuestros escritores, ¡y eso nos encanta!

Además de los cientos de historias que os llegan cada día tenéis grandes escritores en vuestra cantera, tales como Marwan, Cesar Poetry, Iago Campa o Sergio Chico. ¿Cómo llegaron a formar parte de vuestra comunidad?

Pues todos ellos a través del poder de las redes sociales. Hablamos con ellos por Twitter y nos pareció buena idea colaborar, y tres años después seguimos haciéndolo. Un caso especial es Cesar, ya que empezó con nosotros casi desde nuestras primeras publicaciones y hemos crecido de la mano hasta verlo convertirse en uno de los fenómenos de ventas de los últimos años.

Con vuestra experiencia en el ámbito de la escritura habréis visto a muchos escritores progresar. ¿Qué le recomendaríais a aquellos que están empezando a la hora de redactar una historia con una breve expresión literaria?

Lo primero leer mucho. Mucho. Leer muchos pequeños relatos y ser conscientes de la dificultad que entrañan. Lo siguiente es tener clara tu idea y comenzar a escribirla. Escribirla muchas veces. Involucra al lector, atrápalo desde el primer momento y hazlo cómplice de tus letras. Recuerda que el final tiene que ser inesperado, dejar al lector en estado emocionado.

Acabemos de la mejor forma posible, ¿uno de vuestros microcuentos favoritos?

Sin duda es el microcuento de Icarina Juan:

–¡Mira una vida fugaz! –dijo la estrella al pasar.

Este fue uno de los primeros microcuentos que recibimos y fue enviado por uno de los alumnos de Icarina Juan, para recordar sus letras. Es un microrrelato al que tenemos muchísimo cariño por el momento, por lo que narra, por las personas que hay detrás y el motivo. Para nosotros es la demostración de porqué hacemos esto.

Con el cuidado, esfuerzo y dedicación que han puesto los creadores de Microcuento en cada detalle, desde Alliance Vending no pudimos dejar pasar la oportunidad de ser patrocinadores oficiales. Es y siempre será un honor colaborar en la nueva creación artística española.

La banda sonora de aquel verano / microrrelato

Esta es una historia refrescante ofrecida por nuestros amigos de microcuento.es, comienza su lectura con tu café, refresco o snack favorito. Ponte cómodo y disfruta.

Cala Murada, Mallorca, 1 de agosto de 2019.

Se cruzaron las miradas a través de sus gafas de snorkel. Las burbujas en el estómago eran mayores que las que se les escapaban de los tubos y, aún así, consiguieron recuperar la respiración para presentarse entre peces de colores.

Se cruzaron las miradas a través de sus gafas de snorkel. Las burbujas en el estómago eran mayores que las que se les escapaban de los tubos y, aún así, consiguieron recuperar la respiración para presentarse entre peces de colores.

Aquel verano que se condensó en tres días, navegaron en un catamarán, durmieron en la playa, se bañaron desnudos a la luz de la luna, bebieron vino hasta el amanecer y hablaron de canciones. Canciones que desde ese momento fueron el resumen perfecto a su historia de amor.

Se imaginaron protagonistas de los anuncios de ensueño de esa marca de cerveza que ahora ellos replicaban a su estilo y fantasearon toda la vida en un solo verano bajo los atardeceres de aquellas playas paradisíacas del mediterráneo.

Cantaron a grito pelado esa canción de The Triangles,  “Applejack”, porque a veces las cosas más fuertes y maravillosas son aquellas que no podemos ver, aunque quizás ellos aún no lo sabían.

Alzaron las copas y se prometieron un futuro juntos. Les daba miedo lo que estaban sintiendo, pero no puedes decir “no” al amor para siempre. “You can’t say no forever”, le dijo él. Las historias de verano pueden tener un final feliz y ellos estaban dispuestos a inventar el suyo propio.

– ¿Podemos quedarnos aquí para siempre? – preguntó ella mirando las estrellas.

– Sí, mi baby blue. Sí si hacemos de mañana un  “para siempre” – le contestó él con los ojos empañados y la voz temblorosa.

Esa última noche solo se dedicaron a mirarse a los ojos, sabiendo que la historia que los había unido esos días estaba tocando a su fin. El sol entró insolente y amenazante por las persianas de la habitación que les había visto ser más ellos que nunca.

Aquello había sido realmente fantástico y no podían dejar que terminara de esa manera, así que se encerraron en aquella habitación del hotel, que había sido su particular burbuja de aislamiento, y tiraron la llave al mar al que horas antes, con el corazón y el estómago encogidos, le habían jurado quererse toda la vida. Debe haber otra forma de vivir, pensaron.

Cuando finalmente los sacaron los de recepción entre gritos y la acompañó muy a su pesar al aeropuerto, no le salían las palabras. Solo pudo decir muy bajito: “I wish that I could see you soon” y darle un triste beso, que a ella le supo a nada, en la mejilla. Pero ese beso lo recordarían cada día, verano tras verano. 

Mientras avanzaba por el control de seguridad, le gritó “¡te quiero!”, pero ya era demasiado tarde. Ya no le escuchaba entre el rumor de la gente.

Aquella noche, mientras su amor de todos los veranos estaba ya en quién sabe dónde, él solo podía tararear tristemente “I wanna be with you tonight”, pero eso no le devolvió a esa chica rubia a su lado en el camarote. Ese verano acabó y esta vez no duró lo que tarda en llegar el invierno. De hecho el invierno llegó excesivamente pronto y a ambos les duró un largo tiempo dentro.

Cala Conta, Ibiza, 21 de julio de 2039. Es demasiado rubia, pensó, y no tenía tantas pecas, ¿o sí?

Se devanaba los sesos intentando recordar con detalle la cara de esa chica. 20 años eran demasiados para reconocerla, aunque pensándolo bien, veinte años no es nada. No puede ser, las Islas Baleares son grandes, el mundo es enorme, ¿qué posibilidad hay de que volvamos a coincidir? 

“Pieza donde se atan las cuerdas, 6 letras”. La voz de su mujer lo sacó de su ensoñamiento. Pero no pudo responder. Su español era bastante bueno, pero aún no había alcanzado el nivel suficiente para definiciones complicadas. María lo sabía y le gustaba chincharle. “Mi pequeño espairish” le llamaba a veces con sorna haciendo referencia a sus raíces irlandesas.

El único pasatiempo que Patrick veía en su cabeza era una sopa de letras en la que buscar el nombre de esa chica de la que solo recordaba que había sido su “fantastic shine” de aquel verano.

De repente el móvil de Patrick sonó estrepitosamente. Fue a consultarlo y vio que tenía una notificación de Facebook. Una tal Sofía le invitaba a ser su amigo cuando ya habían sido mucho más hace tiempo. 

“This all happened fast 
But I know how I feel 
Like you were the sand 
And I was the sea”

Mientras la voz de Sofía le llevaba a ese lugar para los dos, Patrick despertó de golpe. Solo había sido un increíble sueño que había tenido la noche antes de viajar hacia Ibiza con su mujer. La primera parada sería Cala Conta. Removiendo el café del desayuno, como cada mañana, Patrick pensó que ojalá el verano que viene tuviera otra historia que contar.