El último siguiente paso: Expresionismo abtracto americano

Jackson Pollock,

(Cody, 1912 – Springs, 1956)

Nacido en Wyoming en 1912. El quinto de los Pollock (apellido que llevaba en la familia tan solo una generación, pues fue adoptado por su huérfano padre) vino al mundo en Wyoming en 1920. Su formación se vio marcada por los constantes cambios de domicilio los cuales le proporcionaron una visión de la américa de la que era oriundo tan variada como atomizada y desarraigada.

Con 18 años se muda a Nueva York donde da inicio a su carrera artística con unas piezas o ejercicios notablemente influenciados, una vez más, por las tantas vanguardias hasta el momento más extremas, adquiriendo como base de su lenguaje paralelismos con el cubismo, fauvismo y demás, recurriendo aún a vagas formas que se mantienen y a un estilo fundamentalmente deudor de Europa.

Vendedor Ambulante 1930-35
Pájaro 1938-41

En 1943, Pollock firma un contrato con Peggy Guggenheim por el cual recibiría un sueldo mensual y, como primer encargo, una obra mural que, en la entrada del apartamento de ésta, serviría de presentación del artista a toda persona que se tuviera por influyente en el mundo del arte contemporáneo en Nueva York, apoyada en su decisión por el visto bueno de Duchamp, quien supo prever la opinión de la crítica.

Pollock realizaría aquel mural al final de un plazo de dos meses empleando un total de un día y una noche justo antes de su fecha de entrega, lo que supuso entre otros problemas que el secado del lienzo no fuese el adecuado pero lo que no impidió que el pintor fuese, a partir de entonces, reconocido en la esfera.

La pieza goza de una libertad innegable, ineludible. La reiteración de una falta de normas aporta un ritmo rupturista que identifica al autor. Su monumentalidad ayuda a integrar al espectador en el sistema, heredada de la influencia del muralismo mexicano

El Pollock ya integrado en el expresionismo abstracto definitivamente y componente de la galería de Peggy El Arte de Este Siglo aún usa materiales convencionales, su abstracción, aunque definitiva, carece de identidad completa y sus títulos ya son números o no existen.

Sin título, 1945

Para 1947 incorpora las dos evoluciones que lo harán plenamente identificable, como son el hecho de desproveerse de bastidor y caballete al colocar el lienzo sin tensar en el suelo y de rehuir el uso de pinceles que lo toquen,  los cuales son sustituidos por brochas, cañas, tubos, palas y útiles diversos que funcionan como transporte de una pintura líquida e industrial que cae por goteo, chorreo o proyección. Estas caracteristicas conforman, ahora, su denominado action painting.

El artista profundiza en esta manera de abordar la práctica pictorica deambulando al rededor del lienzo, sin arriba ni abajo, agachándose, procurando adentrarse en la pintura, controlar y someter el azar de su trazo e interviniendo en la composición de sus materiales añadiendo bien resinas, arenas o cargas diversas.

Lucifer, 1947

En 1949 su influencia en el mundo del arte expresionista abstracto llevaba a la revista Life a preguntarse si era el artista vivo americano más grande. En un universo cultural donde Europa había marcado el camino hacía aparición otro libre interpretador que procuraba llegar un poco más allá en la redefinición de lo que podemos incluir en arte y en pintura. Había nacido en Ameríca, pintaba en un pajar -ni siquiera pintaba, de hecho-, se enfrentaba de una manera ruda, viril y desafiante con el arte, fumando y en camiseta de tirantas y sus piezas, sobre todo, se oponían en su misma naturaleza a las rigideces de geometrías o espacios definidos de dentro y fuera que exportaba Europa.

Pollock, un americano con problemas psiquiatricos, problemas con el alcoholismo y problemas con la abstinencia, proponía un paso más allá hacia una libertad absoluta y fractal en la que cualquier parte funciona como un todo y el todo puede funcionar como una sola parte. La última vanguardia del expresionismo abstracto en norteamerica afirma con él que un artista puede ser tan libre como para considerar su que su arte es una pieza como ésta. Ése es el nuevo discurso de la vanguardia norteamericana.

Postes azules, 1952

Su obra, desde entonces, tenderá a profundizar, a simplificarse o tan solo a reiterarse hasta dar con el hastío del propio autor que, ya dado a innovaciones de género escultórico y algo más errático en su producción pictórica y en su desenvolverse vital, acabaría con su vida y su automóvil en un accidente de tráfico que Jackson provoca ebrio y voluntariamente tras una discusión en la que, además de él, falleció una de sus dos acompañantes.

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