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LE FREAK, C’EST CHIC

Seguimos bailando y comenzamos al ritmo de diferentes curiosidades que nos trae nuestro calendario #vuelveabailar , dedicado a la música disco como mencionábamos en el artículo anterior. En este caso el turno es del grupo más chic de los 70.

El fin de año que no fue demasiado «Chic»

31 de diciembre de 1977. Nile Rodgers y Bernard Edwards, componentes del grupo Chic, van vestidos con trajes de dos mil dólares cada uno y sus mejores zapatos destrozados por la nieve. Su sueño esa noche es codearse con lo más alto de la sociedad neoyorkina en el lugar más de moda de la ciudad que nunca duerme, Studio 54. 

Sin embargo, esa noche no podrá ser. Para los Chic, que por aquel entonces acababan de debutar con su álbum homónimo, era una gran noticia que la gran diva Grace Jones les hubiera citado para encontrarse con ellos en el mítico club. No lo fue tanto el hecho de que Jones olvidara poner sus nombres en la lista y los dejara a las puertas del paraíso.

El grupo Chic en concierto. Fuente: Wikipedia

En palabras de Nile Rodgers, Studio 54 era así «…Quizá nuestra música estuviera sonando dentro, pero el local estaba lleno en Nochevieja y nosotros estábamos al comienzo de nuestra carrera».

Con semejante decepción en el cuerpo, Rodgers y Edwards decidieron empezar 1978 con un plan alternativo en casa del primero. Para la gran fiesta, bastaban ellos, su rabia contra el elitismo de Studio, algunos instrumentos y un par de botellas de champán de la licorería de la esquina. 

Del fuck off al freak out

Tras enchufar sus instrumentos, y quizá ya con alguna copa en el cuerpo, los Chic empezaron a tocar como medio para canalizar su decepción de aquella noche. Bernard y Nile eran especialmente buenos improvisando riffs, y de aquella situación desagradable que les había arruinado la última noche del año, salió con facilidad uno en forma de fuck off («que os den») contra Studio 54 y sus absurdas normas de derecho de admisión.

Pero había que tener en cuenta un pequeño detalle: no era políticamente correcto decir en la radio fuck off, aún no había llegado el hip hop y los oyentes no estaban acostumbrados a las expresiones malsonantes en las canciones. Además, Bernard Edward era bastante religioso, así que decidieron que tenían que darle una vuelta a la canción para hacerla menos agresiva. 

No fue fácil encajar una nueva expresión en el lugar del fuck off en una canción que había nacido completamente improvisada y cuya base principal, el gancho, había sido precisamente ese. A menudo Rodgers y Edwards componían así: buscaban el gancho y a continuación armaban el resto de la canción en torno a él. Aquella noche el gancho era el fuck off a Studio 54 pero había que cambiarlo por algo más políticamente correcto.

Tras muchas vueltas a Nile Rodgers se le encendió la bombilla y en el momento culmen cantó: «Aaaaah, freak out!». Un tema clave en la música disco había nacido.

Portada del disco C’est Chic. Fuente: Wikipedia

Le Freak

Finalmente, el tema se tituló Le freak y fue el primer single del segundo álbum del grupo, titulado «C’est Chic», que se publicó ese mismo año. 

Por supuesto, aquella canción que en su concepción inicial mandaba a freír espárragos a Studio 54, no dejó de escucharse y bailarse en su pista de baile, aumentando la reputación del dúo musical. De hecho Nile Rodgers acabó colaborando con reputados artistas a lo largo de su carrera, como Diana Ross, Madonna, Duran Duran, Daft Punk e incluso David Bowie.

Como anécdota, pasó casi una década entera hasta que Rodgers y Grace Jones coincidieron por fin. Fue en la grabación del octavo álbum de estudio de Jones «Inside story». Quién le iba a decir a la diva jamaicana nueve años más tarde que «le freak, c’est chic».

#Vuelveabailar, por un 2020 a ritmo de disco

El próximo mes de febrero, se cumplen 40 años del cierre de la legendaria y excéntrica discoteca neoyorquina Studio 54, templo de la música disco desde abril del 77, y que reunió entre sus controvertidas paredes a personalidades dispares.

Desde este blog, y coincidiendo con el lanzamiento de nuestro calendario anual, queremos hacer un humilde homenaje a la música disco, aquella que aún hoy nos sigue haciendo mover las caderas. Un estilo musical que revolucionó el panorama de la época, y que no siempre fue bien tratado. Pero antes de seguir leyendo, te recomendamos que te pongas en contexto, así que dale al play, #VuelveABailar y disfruta de la lectura.

La música disco nació como forma de evadirse a un panorama político y social convulso y poco alentador. La Guerra de Vietnam ya duraba demasiado, y había hecho mella en la sociedad estadounidense, especialmente en los jóvenes. En este contexto de conflicto bélico y de represión policial contra afroamericanos y homosexuales, el mundo comenzó a cambiar y a luchar por sus derechos.

Los colectivos más marginados encontraron en la música disco una forma de liberación a través del baile en masa; y en los clubes, un refugio en el que evadirse de la vida cotidiana.

La música disco tiene sus orígenes en ritmos como el soul, el funk o el RnB de los sesenta, aunque también incorpora matices de la música latina. Es un estilo abierto que invita al baile a través de la percusión, del beat;pero también de sonidos de bajo, de instrumentos de cuerda, de piano y del arma más poderosa de las voces de este estilo musical: el falsete.

Barry White fue uno de los precursores de este estilo, aunque el término disco lo popularizó el crítico musical  Vince Aletti cuando lo incluyó en la revista Rolling Stone en un artículo que hablaba sobre los clubes que empezaban a ponerse de moda en Nueva York. Artistas claves de este movimiento fueron Donna Summer, The Village People, los Jackson 5 o Gloria Gaynor, aunque sin duda las caras más internacionales del mismo fueron las de ABBA y The Bee Gees.

Los Jackson Five dándolo todo en un especial de Navidad de 1971

El DJ era por aquella época el sumo sacerdote, y la pista de baile el lugar donde se medía el éxito de las canciones del momento. Tal era la fiebre por la música disco, que artistas que normalmente danzaban fuera de ese género, empezaron a orbitar en la onda de lo disco, como Rod Stewart (Do you think I’m sexy?), Kiss (I was made for lovin’ you) o Blondie (Heart of glass). Además, películas como la popular Saturday Night Fever, protagonizada por John Travolta, ayudaron a acercar este estilo musical al público internacional y a impulsar aún más la carrera musical de los Bee Gees, que llegaron al número uno de las listas con temas como Stayin’ alive.

El fenómeno disco también llegó a Hollywood de la mano de Disney, que llegó a publicar en 1979 Mickey Mouse Disco, un LP con versiones en inglés y castellano; y hasta al barrio más querido de la televisión, Barrio Sésamo, con Sesame Street Fever. Este impacto de la música disco en otros ámbitos mediáticos fue la evidencia de su gran importancia, aunque paradójicamente también fue el principio del fin; ya que poco después le llegaría el descrédito y el olvido.

Studio 54

Como ya hemos mencionado, la música disco trajo consigo la proliferación de clubes como Magique, L’Amour Sanctuary o The Limelight. Pero sin duda el rey de reyes se situaba en Manhattan, concretamente en la Calle 54 Oeste.

Studio 54, o Studio a secas como se le llegó a llamar, se convirtió en el baluarte de la música disco en Nueva York. De ahí salieron las famosas versiones de 12 pulgadas, que no eran más que extensiones que los DJ hacían de las canciones con mezclas para hacerlas más bailables.

El ambiente exclusivo y elitista de Studio 54, contrastaba con la asistencia del público general, que accedía si el doorman, Marc Benecke, daba su beneplácito. En palabras de Andy Warhol, “La clave del éxito de Studio 54 fue que era una dictadura en la puerta y una democracia en la pista de baile”.

Por esa pista pasaron personalidades como Yves Saint Laurent, Diana Ross, Salvador Dalí, Donald Trump, Bette Davis, Lizza Minelli o Mick Jagger con su ex esposa, Bianca, que llegó a aparecer en el club montada en un caballo blanco para celebrar su cumpleaños. En Studio se respiraba un ambiente de libertinaje; los palcos eran carne de cañón de encuentros sexuales, y la droga corría como la pólvora.

El local tuvo tanto éxito, que uno de sus dueños, Steve Rubell afirmó haber ganado 7 millones de dólares en 1979. Poco después Rubell y su socio, Ian Schrager fueron detenidos por evasión de impuestos. La fiesta de clausura del local tuvo lugar en febrero de 1980 y fue llamada «El final de la Gomorra moderna». Se cuenta que la última copa que se sirvió esa noche, se la bebió Sylvester Stallone.

El día que murió la música disco

Si hay una expresión que pueda atribuirse al fin de la música disco es la de “morir de éxito”. Su omnipresencia llegó a hartar a la gente, hasta que el 12 de julio del 79 murió en un evento llamado “Disco Demolition”. Este evento, alentado por el DJ Steve Dahl, convocó a muchos seguidores, principalmente hombres blancos, a la quema de vinilos de música disco con la consigna “Disco sucks”. Este hecho se produjo en un estadio de béisbol de Chicago durante el descanso de un partido, y en el que tuvieron que intervenir los antidisturbios.

Sin embargo, la música disco aún continúa presente, siendo la base de géneros como el techno y el house. Además, numerosos artistas actuales continúan inspirándose en la música disco. Es el caso de Madonna, con su álbum Confessions on a dance floor, Daft Punk (Get Lucky), o Maroon 5 con Makes me wonder.

Pero si hay una canción de la música disco que ha calado hondo en nuestros días es el I will survive de Gloria Gaynor, himno de la comunidad LGTB, que parece toda una declaración de intenciones: larga vida a la música disco.