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Prepárate con todas las falacias que puede usar “tu cuñado” esta Noche Buena

Cierto es que el ambiente político, social e incluso futbolista está que arde en nuestro país y que es peor aún si sumas algunas copas de más, Navidad y reunión familiar con “el cuñado”, aquel personaje en la familia que no tiene por qué tener exactamente ese rol en tu familia pero que se caracteriza por ser molesto, creer saberlo todo y repetir tópicos continuamente. Este personaje suele cometer múltiples falacias en una discusión y por eso nosotros te ayudamos a identificarlas. 

Las falacias son argumentos engañosos, que sirven para descalificar al contrario o confundirlo pero que realmente no son argumentos válidos en una discusión. Según Ricardo García Damborenea en su Diccionario de Falacias, las falacias se pueden agrupar en cuatro secciones: aquellas que abandonan la racionalidad,  las que eluden la cuestión, las que no respaldan la postura que se defiende y, por último, aquellas que se basan en olvidos y confusiones.

Las que abandonan la racionalidad

  • Ad Baculum:  si X no acepta que Y es verdadero entonces ocurrirá Z (siendo Z una coacción o ataque contra X). “Si no estás de acuerdo con la nueva política de la compañía puedes perder tu trabajo”. Esta falacia trata, básicamente, de atacar a la persona, poniéndola en una situación incómoda a la hora de decidir, no porque no sepa qué es lo adecuado, sino porque otra razón la coarta. Esta amenaza no tiene relación con la verdad y, por lo tanto, no demuestra nada.
  • Ad Verecundiam: cuando utilizamos una fuente de autoridad que, en realidad, no tiene poder sobre la cuestión que se discute.
  • Ambigüedad: es una de las más comunes y juega con el doble significado de las palabras. “Los hombres son seres inteligentes. Las mujeres no son hombres. Por tanto, las mujeres no son seres inteligentes” (en el primer término la palabra “hombre” se refiere a “ser humano”) “Los sexos no son iguales, por lo que los derechos no pueden ser iguales” (es muy diferente la igualdad biológica que la igualdad jurídica).
  • Preguntas múltiples: cuando en una sola pregunta se hacen varias. Debemos separar ambas preguntas en una.
  • De ataque personal: cuando  se basa en decir que el argumento cobra o pierde poder en función de quién lo dice, en lugar de intentar demostrar directamente su verdad.

Eludir la cuestión

Cuando indirectamente el tema ya no interesa al interlocutor y comienza a introducir otro que realmente no tiene relación con el primero.  “¿De dónde vienes? Manzanas traigo”.

  • Causística: consiste en derrumbar una generalización o algo que ocurre usualmente por un caso excepcional conocido.
  • Falacia de la pista falsa: Se discute el tema A. Se introduce el tema B bajo la apariencia de ser relevante para el tema A (pero el tema B es irrelevante) Se abandona el tema A.  “-Ese hombre debe ser juzgado por el crimen que cometió. -Pero el año pasado donó millones de euros a ONGs. (No tiene relación, igualmente cometió el crimen).
  • Sofisma patético: cuando se apela a los sentimientos que podemos provocar en nosotros u otras personas. “¡Qué disgusto le vas a dar a tu familia!”

No respaldar lo que se afirma o quitarle importancia a una prueba

  • Non sequitures una falacia en la que la conclusión es obtenida de premisas que no están lógicamente conectadas. “Si estoy en Madrid, estoy en España. Por lo que si Estoy en España, estoy en Madrid”.
  • Afirmación gratuita: cuando una afirmación se enuncia y se da por hecho sin razón ni argumento que la sustente, porque sí.
  • Petición de principio: es parecida a la afirmación gratuita aunque de forma más enrevesada. Nos intentan demostrar A, partiendo con el argumento de que A es verdad “Yo siempre digo la verdad, por lo tanto, yo nunca miento”.
  • Ad ignoratiam. Se basa en dar por hecho que si algo no se puede demostrar, entonces es mentira. “No se puede demostrar A, por lo tanto B es verdadero”.

Olvidos y confusiones

  • Generalizaciones: es lo contrario a la causística, y se basa en argumentar que porque una vez ha pasado algo ya siempre pasa, “Un mono me robó la cartera, los monos son unos ladrones”.
  • La falsa disyunción es cuando se cree que en un dilema solamente puede haber dos posturas (“O estás conmigo, o estás contra mí”) y no se consideren otras neutrales.
  • La falacia del accidente se trata de presentar una generalización de forma muy estricta y no ser verdad. “Cortar a una persona con un cuchillo es un crimen. Los cirujanos cortan personas con cuchillos. Por lo tanto, los cirujanos son criminales”.
  • Secundum quid. Es cuando se aplica una regla de forma tan estricta que se olvidan las excepciones. (“-Por qué no le quitó el arma? -Porque era suya y yo no tenía derecho a quitársela”)
  • Composición: intenta demostrar que si la premisa se cumple en una de las partes de un todo, entonces se cumplirá en su totalidad. “La pieza de metal no puede romperse con un martillo, por lo que la máquina que contiene la pieza tampoco”.
  • Continuum. Asume que pequeñas diferencias producidas de forma continua son irrelevantes “Si le quito un pelo no se quedará calvo, si le quito otro tampoco, con otro tampoco..:”

A la hora de defendernos de las falacias, lo último que debemos hacer es definirla como tal, ya que puede provocar malestares innecesarios. Lo mejor es intentar construirla lógicamente, hasta demostrar que no se sustenta. Para ello se pueden utilizar ejemplos, más ejemplificativos cuando rozan el absurdo (como hemos en algunos puntos de este artículo)

Esperamos que este artículo te sirva de ayuda en la próxima Noche Buena y recuerda, si quieres además ser un buen conversador, visita nuestro artículo sobre cómo dominar una buena conversación

Conviértete en un gran conversador estas Navidades

Llegan las cenas de Navidad y con ellas las temidas conversaciones. El conocido como “cuñado” suelta un mal comentario y la mesa comienza a alborotarse o alguien cuenta una historia extensa y aburrida que hace que los comensales encuentren cuanto antes una excusa para marcharse. Para evitar este tipo de incidentes lo mejor es saber como ser un buen conversador, tanto si es contando una historia como si entramos en un debate ideológico.

 

El clima o la salud han dejado de ser tu salvavidas conversacional

“Antes, para tener una buena conversación se solía seguir el consejo de My Fair Lady: “Enfócate en el clima y la salud”, pero ahora con el cambio climático y la antivacunación, esos temas no son seguros”, comenta Celeste Headlee, escritora radiofónica en su charla TED. Buscar un tema de conversación puede no ser tarea fácil en un mundo en el que todo conlleva discusión o peligro de ofensa pero igualmente el mundo está lleno de curiosidades que interesan a la mayoría y las vivencias personales o los recuerdos tanto nuestros como de nuestros compañeros pueden llevarnos a unir lazos más fuertes, sobre todo en una reunión familiar. Eso sí:

Si pensábamos que las personas prefieren hablar de un relato que no conocen, nos equivocamos

Según indicó Daniel T. Gilbert, de la Universidad de Harvard, “los oradores tienden a pensar que a los oyentes les agradan más los relatos de experiencias que no han tenido pero nuestros estudios sugieren justo lo contrario”.  Y es que con diversos estudios, Gilbert pudo demostrar que las personas disfrutan más hablando de historias o temas que conocen que de aquellas que no. Ello no quiere decir que si un interlocutor nos aporta información nueva no nos agrade, pero es cierto que disfrutamos más hablando de una película que ya hemos visto que escuchando hablar sobre una película que no conocemos, por el simple hecho de que a nuestro emisor se le olvida comentarnos detalles que da por hecho en su historia y que a nosotros nos faltan y nos confunden. Además, debemos tener en cuenta en este aspecto que el hecho de que podamos participar más en la conversación siempre nos motiva a seguir en ella ya que, al ser humano le resulta mucho más fácil hablar que escuchar.

Si la conversación conlleva una confrontación de ideas, no tengas miedo a un debate con escucha

Un estudio realizado en Pew Reserch a 10.000 adultos de E.E.U.U y descubrió que actualmente viven la mayor polarización ideológica de su historia. Cierto es que esta forma de pensar se ha incrementado también en Europa. “Somos menos propensos a comprender, lo que significa que no escuchamos al otro” decía Headlee. Cierto es que aquellos que escuchan y que, entendiendo ambas posturas, suelen situarse en medio de dos ideologías -ya sea en cualquier tema político, social o económico- terminan por no encontrar su sitio o, simplemente, no ser escuchados pero al final este tipo de personas son las que verdaderamente obtienen beneficios de una conversación, sabiendo que todas las posturas pueden tener algo de razón y verdad.

Si te enfrentas a una importante conversación, te recomendamos que sigas estas pautas que son el resumen de todos los consejos que dan los actuales profesionales del habla:

  1. Escucha: pero no escuches con la intención de refutar, sino con sentimiento de participación. No pienses en lo próximo que vas a decir y dejes de escuchar, escucha conscientemente y con toda la atención.
  2. Empatiza: ello quiere decir que no solamente intentes empatizar con sus argumentos y su postura, sino también intentar entender por qué la otra persona piensa de esa forma e incluso, del mismo modo, por qué tú tienes esa ideología y no otra, ¿es verdaderamente racional? Pon interés no solo en la conversación, sino en la persona con la que hablas. Y, por supuesto no ridiculices ni agredas de ninguna forma al otro.
  3. Si no hay objetividad, no hay discusión: puede que escuchar esto parezca algo absurdo en una discusión, cuando creemos que, al dar nuestra opinión, estamos poniendo en práctica la subjetividad en toda su afluencia. Pero lo cierto es que hay una gran diferencia entre debatir de forma subjetiva y objetiva. No es lo mismo hablar de un tema político y defenderlo simplemente porque tú lo sientes de esa manera a argumentarlo con hechos, datos y fuentes objetivas.
  4. Sé honesto: si no sabes algo, dilo y nunca mientas. Recuerda que debates no con el objetivo de ganar un trofeo, sino con el objetivo de saber, uniendo conocimientos de varias personas, cuál es el argumento más lógico dentro de todos los datos expuestos. No es cuestión de ganar, sino de llegar a un acuerdo, entender que no solo hay un culpable ni una única solución.

Y hasta aquí nuestra conversación. Esperamos que hayas disfrutado al máximo de cada palabra y que nos hayas escuchado con atención… ¡Ahora te toca a ti practicar!