Conviértete en un gran conversador estas Navidades

Llegan las cenas de Navidad y con ellas las temidas conversaciones. El conocido como “cuñado” suelta un mal comentario y la mesa comienza a alborotarse o alguien cuenta una historia extensa y aburrida que hace que los comensales encuentren cuanto antes una excusa para marcharse. Para evitar este tipo de incidentes lo mejor es saber como ser un buen conversador, tanto si es contando una historia como si entramos en un debate ideológico.

 

El clima o la salud han dejado de ser tu salvavidas conversacional

“Antes, para tener una buena conversación se solía seguir el consejo de My Fair Lady: “Enfócate en el clima y la salud”, pero ahora con el cambio climático y la antivacunación, esos temas no son seguros”, comenta Celeste Headlee, escritora radiofónica en su charla TED. Buscar un tema de conversación puede no ser tarea fácil en un mundo en el que todo conlleva discusión o peligro de ofensa pero igualmente el mundo está lleno de curiosidades que interesan a la mayoría y las vivencias personales o los recuerdos tanto nuestros como de nuestros compañeros pueden llevarnos a unir lazos más fuertes, sobre todo en una reunión familiar. Eso sí:

Si pensábamos que las personas prefieren hablar de un relato que no conocen, nos equivocamos

Según indicó Daniel T. Gilbert, de la Universidad de Harvard, “los oradores tienden a pensar que a los oyentes les agradan más los relatos de experiencias que no han tenido pero nuestros estudios sugieren justo lo contrario”.  Y es que con diversos estudios, Gilbert pudo demostrar que las personas disfrutan más hablando de historias o temas que conocen que de aquellas que no. Ello no quiere decir que si un interlocutor nos aporta información nueva no nos agrade, pero es cierto que disfrutamos más hablando de una película que ya hemos visto que escuchando hablar sobre una película que no conocemos, por el simple hecho de que a nuestro emisor se le olvida comentarnos detalles que da por hecho en su historia y que a nosotros nos faltan y nos confunden. Además, debemos tener en cuenta en este aspecto que el hecho de que podamos participar más en la conversación siempre nos motiva a seguir en ella ya que, al ser humano le resulta mucho más fácil hablar que escuchar.

Si la conversación conlleva una confrontación de ideas, no tengas miedo a un debate con escucha

Un estudio realizado en Pew Reserch a 10.000 adultos de E.E.U.U y descubrió que actualmente viven la mayor polarización ideológica de su historia. Cierto es que esta forma de pensar se ha incrementado también en Europa. “Somos menos propensos a comprender, lo que significa que no escuchamos al otro” decía Headlee. Cierto es que aquellos que escuchan y que, entendiendo ambas posturas, suelen situarse en medio de dos ideologías -ya sea en cualquier tema político, social o económico- terminan por no encontrar su sitio o, simplemente, no ser escuchados pero al final este tipo de personas son las que verdaderamente obtienen beneficios de una conversación, sabiendo que todas las posturas pueden tener algo de razón y verdad.

Si te enfrentas a una importante conversación, te recomendamos que sigas estas pautas que son el resumen de todos los consejos que dan los actuales profesionales del habla:

  1. Escucha: pero no escuches con la intención de refutar, sino con sentimiento de participación. No pienses en lo próximo que vas a decir y dejes de escuchar, escucha conscientemente y con toda la atención.
  2. Empatiza: ello quiere decir que no solamente intentes empatizar con sus argumentos y su postura, sino también intentar entender por qué la otra persona piensa de esa forma e incluso, del mismo modo, por qué tú tienes esa ideología y no otra, ¿es verdaderamente racional? Pon interés no solo en la conversación, sino en la persona con la que hablas. Y, por supuesto no ridiculices ni agredas de ninguna forma al otro.
  3. Si no hay objetividad, no hay discusión: puede que escuchar esto parezca algo absurdo en una discusión, cuando creemos que, al dar nuestra opinión, estamos poniendo en práctica la subjetividad en toda su afluencia. Pero lo cierto es que hay una gran diferencia entre debatir de forma subjetiva y objetiva. No es lo mismo hablar de un tema político y defenderlo simplemente porque tú lo sientes de esa manera a argumentarlo con hechos, datos y fuentes objetivas.
  4. Sé honesto: si no sabes algo, dilo y nunca mientas. Recuerda que debates no con el objetivo de ganar un trofeo, sino con el objetivo de saber, uniendo conocimientos de varias personas, cuál es el argumento más lógico dentro de todos los datos expuestos. No es cuestión de ganar, sino de llegar a un acuerdo, entender que no solo hay un culpable ni una única solución.

Y hasta aquí nuestra conversación. Esperamos que hayas disfrutado al máximo de cada palabra y que nos hayas escuchado con atención… ¡Ahora te toca a ti practicar!

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